El concepto de estar “aquí y ahora” desde una perspectiva energética se traduce en aprender a tomar conciencia de nuestro estado físico, emocional y mental, mateniéndonos bajo observación a lo largo del día cuánto más podamos.
Empezar aunque sea con momentos puntuales llegará a ser tan placentero que le cogeremos el gusto muy rápido!

Observamos nuestra respiración y las partes del cuerpo que tengan algún tipo de presión o dolencia, tomando distancia como si estuviéramos observando a otra persona.
Es muy útil hacerlo tanto en momentos de paz interior como en momentos de conflicto.
Este detalle nos sirve de referencia para cuando tengamos cambios de estados de animo repentinos, como una emoción que entra de la nada o dolencias improvisas en alguna parte del cuerpo.

Aprendemos a poner atención al momento en el que se producen estos cambios: normalmente ocurren en el mismo instante en que hay un contacto mental emocional o físico con alguien.
Por ejemplo si alguien piensa en nosotros o viceversa, o cuando nos sentamos al lado de una persona, etc…
Entonces tomamos conciencia de la nueva energía reconociendo la emoción que mueve en nosotros.
Es un aviso de nuestros cuerpos etéricos de que se está “acercando” un Ser con su experiencia de vida, y al igual que nosotros, con su luz y su sombra.

Vivimos a pleno la emoción que entra, empezamos a respirar conscientemente conectando con nuestro corazón.
A la cuarta respiración profunda la intensidad ya empieza a bajar y sigue haciéndose casi imperceptible: estamos dejando que una emoción, un dolor fluyan! 🙂
Seguimos respirando profundamente durante un rato hasta recobrar nuestro equilibrio.
Cuando respiramos, desde esa paz que vamos haciendo nos abrimos a recibir cualquier información sobre la emoción o la dolencia.

Cada dolencia está asociada energéticamente a una emoción que rechazamos.
Todo lo que no aceptamos y no queremos ver de nosotros mismos la vida nos lo materializa como persona o situación que nos remueve justo la emoción que estamos rechazando.
Por ejemplo si huimos de nuestros padres es muy probable que el nuevo contexto acabaremos atrayendo a “mamá” y “papá”.
Y esto es porqué una emoción guardada por naturaleza busca la manera de manifestarse para que la reconozcamos, la vivamos y la integremos en nosotros.
La emoción nos llama a reconocerla como nuestra, aceptarla sin juicio: en el momento en que se produce conciencia la emoción fluye.

Lo que nos propone la vida son ocasiones para poder ver y sanar capa por capa cada emoción y hacer las paces con lo que se nos vaya manifestando como conflicto en el plano físico.
Cada acontecimiento o persona que nos perturban son un medio evolutivo para que podamos observar la representación de nuestras sombras en el plano físico.
Analicemos la emoción que se nos mueve: aceptarla es respirar y dejar que fluya, vivirla.
No aceptarla es ponernos en lucha con ella (y con nosotros mismos): cuanto más nos resistamos, más evidentes son las llamadas de atención.

Como efecto de esta resistencia acabamos proyectando la emoción hacia nosotros mismos (con matices de masoquismo de los más variados) y de reflejo toda nuestra vida es teñida por el filtro de esa misma emoción, a través de situaciones y personas que nos ponen a prueba hasta que no la afrontemos a corazón abierto, respirando y tomando conciencia de ella.

Pongamos un ejemplo. Un día nos despertamos especialmente tranquilos. Por la calle sin querer distraídos, chocamos con alguien. Esta persona está reprimiendo por varias razones rabia hacia su madre, y ese día está muy alterada.
Nos empieza a gritar y a insultar reaccionando de forma exagerada: empezamos a notar un fuerte cambio en nuestra energía, y si nos fijamos, una presión en el hígado.
Podemos reaccionar de dos formas:

Con indiferencia emocional
Nos llega el golpe energético de la rabia ajena y dejamos que encienda nuestro conflicto interior.
Esta persona encaja perfectamente en “nuestro” esquema emocional de toda la vida: nos empezamos a sentir victimas de su agresión y nos queremos vengar, necesitamos actuar de verdugo para compensar el ataque.
Le contestamos gritando aún más fuerte devolviéndole el golpe energético: su rabia más la nuestra.
Acabamos con una gran presión energética en el hígado, dolor de cabeza y entramos en un bucle de situaciones que seguirán provocando nuestra rabia.

o
Con conciencia emocional
Acogemos esa rabia, la reconocemos porqué tenemos ese patrón en nuestra vida, la observamos con la conciencia de que es una proyección de algún conflicto interno nuestro no resuelto, la persona que tenemos delante es nuestro reflejo. Reconociendo que esa persona somos nosotros mismos inconscientemente le doy las gracias a su Ser por ayudar en nuestra tarea evolutiva.
Recobramos nuestra tranquilidad previa y desde allí le pedimos perdón por el golpe accidental. Así, sola la rabia vuelve a su dueño, desde el Amor.

Siempre podemos elegir usar una emoción negativa para crear más y más de lo mismo y perjudicarnos a nosotros mismos y a nuestro entorno, o como en el segundo caso, desde nuestro corazón transmutamos esa emoción sabiendo que está presente en nosotros. Es bueno empezar a tomar conciencia y hacernos responsables de nuestra capacidad de crear energéticamente, desde ambas polaridades.
Vamos más allá de lo negativo, para convertir el suceso que se nos presenta en una posibilidad para avanzar: nos centramos en la solución, no en el problema.

Si decidimos alinearnos con un camino de Luz nos hacemos responsables de nuestras sombras, y hacemos conscientes nuestros mecanismos emocionales inconscientes.
Para poder cuidar a los demás es necesario primero cuidar profundamente de nosotros mismos.
Una vez que nos abramos a observar y aceptar nuestros lados oscuros, nos permitimos vivirlos hasta el fondo. Volvemos a nuestro equilibrio con la confianza, cada vez mayor de que podemos afrontar y dominar cualquier sombra tengamos reprimida.

Alineamos nuestra faceta humana observándonos y conociéndonos, con nuestra faceta divina aceptándonos y ganado seguridad y autoestima con cada lucha interna que tengamos.
Estamos totalmente sintonizados con el camino evolutivo y por ende con nuestro Ser de Luz: hay momentos en que caemos, y otros tantos que nos volvemos a levantar y sin juicio seguimos caminando.

Y en el camino, cada emoción que logremos aceptar, integrar y soltar con respiración y conciencia, se manifiesta como Regalo a nivel físico.
Os invito a probar y a dejaros sorprender! 🙂

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