La importancia del equilibrio energetico

El principio creador contiene dos polaridades y nosotros los humanos siendo una chispa de esa misma fuerza, igualmente manifestamos dentro de nosotros mismos aspectos del femenino y masculino sagrado: cuando hay balance y armonía entre ellos, la creatividad y el impulso a ponerla en practica también se equilibran y nos volvemos creadores activos y pasivos de nuestras vidas.

En muchas culturas antiguas, la druida en Europa, la azteca en mesoamerica, la taoista en China, etc… se concebía la energía creadora como dualidad, equilibrio sagrado entre masculino y femenino.
De hecho si miramos a la Creación como manifestación de la esencia divina aquí en la tierra, notamos ambas polaridades en balance perfecto en las varias especies de plantas y animales.

Los rasgos del femenino sagrado son calma, paciencia, delicadeza, persuasión, pasividad, receptividad, intuición y conexión, atributos de la máxima expresión de la feminidad: el embarazo.
Es cuando la mujer experimenta su primera gran prueba de fe, soltándose a la llegada de un nuevo ser dentro de ella, abandonándose completamente para no obstaculizar esta nueva vida.

Así una mujer conectada a su Femenino es muy sensible a la realidad, percibe su entorno a través de su propia piel, es capaz de intuir verdades que a los demás pueden parecer confusas; tiene también el poder de conectarse con las emociones de los demás, especialmente en los días alrededor de la menstruación; puede interactuar con plantas y animales, y tiene mucha afinidad con la Madre tierra, con el agua y con la luna.
Es naturalmente dotada para conectarse a los espíritus de estos elementos para sanarse y sanar a los demás, para llegar a visiones de profundidades, a entrar en contacto con aspectos internos de si misma y de los demás, más allá de la superficie.
La mujer, por su función sagrada crea un puente entre la piel y su corazón, y con este dulce patrón de interiorización filtra la visión del mundo y del interior de las personas a las que se aproxima.

Las características del masculino sagrado son la acción, la decisión, el ímpetu, la fuerza, el análisis, racionalidad, elementos de la máxima expresión de la masculinidad: la procreación, la fecundación.
La prueba de fe en un hombre es durante el acto sexual, cuando es llevado por la mujer naturalmente a abandonarse a ella, entonces a si mismo.

Un hombre alineado con su Masculino es capaz de coger aspectos de la realidad, descontextualizarlos y analizarlos fríamente, darles nombres y encontrar las conexiones energéticas entre los varios descubrimientos.
El hombre, coherente con su función sagrada, usa su fuerza y llega a un patrón de análisis desde su piel hacia la piel de los demás y de lo que le rodea.
Se conecta muy fácilmente con las energías del cielo, del sol, y a través de ellas llega a curar a si mismo y a los demás.
Busca por su naturaleza, un trono sobre el que sentarse, y con la vehemencia del mismo astro de fuego, ser el protagonista energético de su propia vida.
Y esta es su manera de afrontar el mundo: activa y racionalmente.

Las características de masculino y femenino se integran entre ellas, complementándose; cada mujer tiene una parte de masculino sagrado, y en los hombres alberga una parte de Femenino, y encontrar el equilibrio en las dos polaridades es nuestra responsabilidad de humanos y es uno de los pasos fundamentales de la evolución espiritual.

En las mujeres se reforzará el principio femenino, aprendiendo el don de la paciencia, de la delicadeza y de la receptividad, y el núcleo se nutrirá con la objetividad y la actividad, propias del poder masculino.
Viceversa el hombre cultivará su esencia principal analizando, dividendo, destruyendo, para luego reconstruir, curar y crear, características que pertenecen a su núcleo femenino.

La energía femenina se manifiesta como flujo de amor, intimidad y comunicación profunda a través de sensualidad e irradiación, y la masculina aporta rumbo, finalidad, libertad y expresión dentro de uno mismo.

Las partes del sexo opuesto que residen dentro de cada persona, se estructuran en la infancia y toman características de los patrones con los que venimos en contacto a diario, además de los que heredamos genéticamente.
Todo los bloqueos conectados a la figura paterna de polaridad contraria, los reflejamos hacia el exterior e intervienen silenciosamente influenciando la búsqueda del compañero de vida y de los enlaces emocionales en general.

Y así mismo las emociones que se liberan de nuestras relaciones cotidianas están estrechamente conectadas con nuestro camino evolutivo, como si fueran un mensaje de nuestro interior, invitándonos al auto análisis.
Conflictos, elementos de fricción con otras personas o acontecimientos impactantes son elementos clave a revisar para seguir profundizando en uno mismo.
Tendemos a negar lo que no nos gusta de nosotros mismos y lo proyectamos hacia los demás y hacia la vida, y a veces nos sentimos victimas de enfermedades, eventos y personas.

Si fluimos con las pruebas que nos llegan, nos damos cuenta de que la energía femenina es transformación en potencia y la fuerza masculina impulsa la misma acción.
Así representamos físicamente la energía del equilibrio: eso se reflejará en una sanación en las relaciones con los demás y llegaremos al núcleo de la relación con nosotros mismos.

Una vez que empezamos a balancear los opuestos, sin carencias y desde la plenitud, veremos que las relaciones mágicamente se reestructuran, y empiezan a llegar personas más equilibradas, enseñándonos los avances de nuestro andar espiritual.
Esta unión sagrada, que estamos llamados a realizar, nos trae regalos más allá de lo que nos podemos imaginar: trabajando a nivel profundo e inconsciente la autoestima, estimula la conexión con todo el potencial de nuestra esencia, nos revela partes y características dormidas de nuestra alma y nos saca la magia abriendo puertas hacia dentro y hacia fuera de nosotros que ni imaginábamos!

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