Somos energía, vibración, y aunque nos parezca un talento poco común, la proyección astral es de lo más normal. Muchos, inconscientemente viajamos todos los días, tanto que nuestro cuerpo astral ya ha aprendido las dinámicas para salir del conjunto de cuerpos, y regresar sin que nada pase.

Es interesante aprender a observarnos para entender con el tiempo porqué, como y cuando “nos vamos” y hacernos conscientes y responsables de como usamos nuestra energía.

Sabemos que para poder seguir conectados con nuestro propósito espiritual, hay que estar el mayor tiempo posible “aquí y ahora”.
Cada vez que imaginamos o deseamos algo, estamos proyectando parte de nuestra energía a otro lugar no físico. Y el viaje espacio-tiempo es tan intenso que a veces dejamos de ver con ojos físicos y empezamos a ver “una película”.

Hay ciertas actividades de las que desempeñamos casi todos los días, que predisponen a proyecciones astrales.
En esos momentos una mínima parte de nosotros cumple la acción mecánica que no nos pide demasiada atención; la otra parte la dejamos libre de hacer lo que más le gusta.
Nos pasa cuando escuchamos música, leemos un libro o vemos una película, que una parte de nosotros se va a “explorar” la música, a crear los mundos de su lectura, o se hace uno con el protagonista de la película.
Energéticamente una parte de nosotros sigue con su tarea, y otra parte se va a donde nos proyectemos: vamos conscientemente o sin enterarnos a otro plano vibracional donde realmente nuestra faceta sensible es totalmente libre de expresarse.
Y su forma de expresión nos da pistas para saber como estamos emocionalmente y desde que polaridad estamos creando.

Hay otros tipos de viajes que algunos hacemos sin saberlo.
Por ejemplo llegando a un lugar donde haya mucha gente desconocida, (como a un bar, o a un autobús…) como forma de defensa nuestro cuerpo astral sale y va a analizar la energía del sitio donde estamos, incluyendo a las personas presentes, para controlar que todo esté bien.
En esta ocasión por ejemplo es el Ego herido que actúa. El miedo al descontrol lleva al cuerpo astral a ir a invadir el espacio energético de otras personas sin pedir el permiso a sus Seres de luz.
Esta invasión aunque inconsciente, kármicamente se nos devuelve con la percepción ge la parte de sombra de las personas que tenemos delante.

La situación más común en la que viajamos es cuando dormimos y empezamos a soñar; el plano astral es escenario de sueños, y nuestro lugar de trabajo evolutivo.
Aquí elaboramos emociones, revivimos momentos fuertes, hacemos las paces con personas y situaciones dolorosas.

Hay veces que necesitamos la “lucidez” de un sueño para solucionar ciertos temas, que en la tierra, por exceso de humanidad, no logramos observar objetivamente: con la visión onírica los problemas tienen otro matiz más liviano. Además el día después, si es necesario que la recibamos, llega la solución que buscabamos en el sueño.

Otras veces nos despertamos con la sensación de no haber dormido, cansados como si hubieramos trabajado toda la noche: en ciertos momentos cuando dormimos pasa que el cuerpo astral sale y va a desarrollar su misión de ayuda a si mismo y a la colectividad. Estas ocasiones que nos ponen a pruebas, a veces son como examenes de cierre de ciclos en el camino.

Los anteriores sólo son unos pocos ejemplos de viajes que nuestro cuerpo astral hace a menudo, y si empezáramos a fijarnos como cambia nuestra energía, nos sorprenderíamos “flotando”, porqué esa es unas de las sensaciones que percibimos, tantas veces cada día, que tendríamos la seguridad de que somos expertos viajeros inconscientes.

El juego está en aprender a reconocer las señales, que para cada uno pueden ser diferentes, de cuando el cuerpo astral sale, y al tomar conciencia de eso nos volvemos observadores de nosotros mismos.
I así en lugar de viajar pasivamente y sin conciencia, empezamos a dejar la puerta abierta para que lleguen consejos y herramientas para evolucionar.
Es importante indagar sobre los matices de nuestras habilidades en el astral y asumir la responsabilidad de hacia donde dirigimos nuestra energía.

ñ.ñ