Durante la infancia el alma está totalmente conectada al propósito evolutivo: cuando somos niños estamos alineados y en armonía con la energía de la tierra, tenemos una fuerte sensibilidad y a menudo recordamos episodios de vidas pasadas; al crecer esta conexión normalmente se pierde.

Nuestra tarea evolutiva es la de restablecer el enlace entre el alma y el Ser de luz, (o Yo multidimensional), y volver así a ser conscientes de nuestro camino.

Quien se ocupa de controlar los detalles del proceso en cuestión es el mismo Yo multidimensional, una esencia de luz en evolución, que envía fragmentos de si mismo, las almas, a hacer el mayor número de experiencias posibles, en muchos contextos y almacenar datos y códigos de cada reencarnación.

Normalmente alrededor de los siete años empieza la desconexión; uno de los factores determinantes es la configuración del sistema educativo que antepone el desarrollo del hemisferio izquierdo del cerebro (el analítico) al del derecho (el creativo); nos volvemos extremadamente lógicos mientras se van debilitando la intuición y la capacidad de interactuar con lo que no se puede percibir físicamente.

Empieza a formarse el Ego, que nos guiará en el plano material, construyendo, según las experiencias hechas hasta entonces, mecanismos de protección, con el fin de evitar situaciones potencialmente peligrosas.

Esta faceta de nuestras personalidades está en contacto con todas las informaciones conscientes e inconscientes de esta y de las demás vidas.

De por si la táctica de la defensa es funcional, mas se vuelve una limitación cuando se interponen recuerdos de malas experiencias: a raíz de eso se generan enfermedades, alergias, miedos, manías etc…

En estos casos, el Ego traumatizado, en lugar de defendernos, entorpece nuestra evolución: distorsiona la visión de la realidad y un peldaño, por ejemplo, se vuelve una pared insuperable.

El primer paso para la reconexión es comprometernos a investigar, observar e iluminar esos acontecimientos que nos han marcado negativamente y que impiden a las energías de nuestro Yo multidimensional circular libremente.

Cuando decidimos empezar a trabajarnos diariamente, la vida nos pone a disposición mensajes, instrumentos y personas que necesitamos para progresar en esta incesante tarea.

Lo que ocurrirá, será una desprogramación del antiguo sistema electromagnético, realineandonos con la energía de la tierra; se volverán a despertar partes dormidas de la estructura del ADN, reabriendo el canal de comunicación con nuestra multidimensionalidad.

Después de un tiempo de limpieza energética, en forma de trastornos físicos de varios tipos, con el propósito de expulsar residuos tóxicos para nuestro cuerpo y nuestra alma, empezarán a manifestarse, paulatinamente dones y habilidades extrasensoriales.

Y veremos bajo una nueva luz la realidad, las relaciones, las experiencias que vivimos hasta entonces: dejamos de vernos como víctimas, asumiendo la responsabilidad de nuestras acciones y de lo que nos pasa a diario.

Empezamos a entender que los acontecimientos de la vida no son casuales, que cada persona con la que nos cruzamos nos hace de espejo: siempre hay un aspecto de nosotros en la agradable o desagradable presencia ajena.

Los que nos escogimos como padres son nuestros primeros maestros, y los demás encuentros, aparentemente casuales, siguen las necesidades de la evolución de cada uno: son ocasiones para darse cuenta del nivel de evolución en ese momento, de nuestras fortalezas y debilidades.

Y mientras seguimos avanzando, alineados a todos los niveles con nuestro camino, cuando estaremos listos, sabremos con certeza cual es el verdadero propósito de nuestras vidas, nuestra misión aquí en la tierra.

Cuando nos acostumbramos a recibir todo lo que se nos presente, como una ocasión de evolución, o como un desafío para nuestras habilidades, la vida se vuelve más ligera y divertida.

Herramientas y soporte para la reconexión del Alma

Guardar

Guardar