Los números poseen su propio poder, de la misma forma que cualquier concepto energético que manejamos convencionalmente en la tierra; después de siglos de usarlos se han ido cargando de significado y de fuerza.
Se pueden usar como arquetipos, percibiendo su vibración y trabajando con ella dentro de nosotros mismos. Nos ayudan a reconocer en nuestro interior esas emociones que aún nos controlan.
Para sentir su potencial el método más sencillo es dibujarlos, pidiendo anteriormente permiso y protección a nuestro Ser de luz. Mientras dibujamos uno, tantas veces cuantas nos dicta el corazón, nos conectamos con su energía que se reflejará en nuestro cuerpo con ciertos efectos.
Nos fijamos en los pequeños cambios que notemos: esa es la frecuencia vibratoria del numero que estamos analizando.
Si los cambios son en positivo, o sea si percibimos bienestar y nos sentimos cómodos en esa energía es que tenemos resueltas las emociones que ese arquetipo nos mueve.
En caso de sentirnos inquietos e incómodos al trazarlo, analizamos la sensación que nuestro cuerpo físico está manifestando, la vivimos y la soltamos.
Después de percibir su vibración, agradecemos el número por su enseñanza y pedimos a nuestro Yo multidimensional cortar el enlace con esa energía.

El primer grupo que encontramos en los números arquetípicos es la triada 1-2-3.
El 1 representa la energía masculina, la unidad, la semilla, el principio, es la fuerza vital, la capacidad de dominarnos y afrontar nuestras debilidades y lo desconocido con valor y creatividad practica.
El arquetipo 1 vibra en fuerza, protección y soporte, expresa la acción.
La resistencia energética hacia este número denota una desarmonía, traumas o bloqueos a trabajar con las figuras masculinas de referencia en nuestra familia.

El número 2 es la representación de la esencia femenina, la paz y la armonía, la intuición, las emociones, la sensibilidad, define la capacidad de recibir y percibir.
El 2 vibra en sinceridad, disponibilidad y atracción.
La incomodidad con este número nos revela un desequilibrio, y nos enseña los elementos a desbloquear referentes a estereotipos femeninos del ámbito familiar.

El arquetipo del 3 tiene la energía de la unión de los dos anteriores, el equilibrio del divino dentro de lo humano, el primer atisbo de deidad en la naturaleza humana, la unión de los opuestos.
Es un número que vibra en la expansión, símbolo y patrón de la misma Creación.

En el ciclo actual de su evolución Gaia está recibiendo informaciones de las dos fuerzas creadoras, que se están equilibrando en ella, y por consiguiente en sus células: plantas, animales y seres humanos.
Mientras plantas y animales, incorporan y trasmutan las vibraciones sin oponer resistencia, el hombre, por el camino evolutivo que está haciendo aquí en la tierra, refleja los conflictos interiores en su recorrido de crecimiento metafísico.

Entramos en contacto con las batallas que nos mueven silenciosamente como títeres, que nos hacen perpetrar patrones familiares, actuando inconscientemente desde esos mecanismos.
Son esquemas fisiológicos que nos empujan a sublimar energías y volvamos a acceder a la esencia divina en nosotros.

A medida que profundizamos en nosotros mismos siguiendo el flujo de los desafíos que se nos presentan, limpiamos el espacio para el acceso a nuestro poder interior, abriéndonos a las dos polaridades de la energía divina, integrándolas.

Así que la vida, con sus pruebas lleva al hombre a aprender, analizar y actuar consiguientemente a su observación, y a la mujer a abrirse a recibir, pacientemente, y sentir íntimamente la realidad, soltandola transmutada en luz.

Las relaciones familiares empiezan a recobrar armonía, y experimentamos un Amor (cada día más) Incondicional con los seres que cruzan nuestro camino.

Esta triada numérica nos puede suportar en este recorrido a la armonización, indicándonos el punto en el que estamos con respeto a las emociones que nos quedan por trabajar para podernos equilibrar y sacar nuestro potencial energético, nuestra magia.