Si queremos ver y entender lo invisible, lo más eficaz es observar con atención lo visible.
Nuestros cuerpos etéricos se sincronizan para realizar actividades que requieren precisión y cuidado.
Por ejemplo cuando estamos aprendiendo a conducir un coche, estamos muy concentrados en todos los detalles y a la sucesión de acciones a realizar para que el auto se mueva: en ese momento todos nuestros cuerpos colaboran estrechamente.
Cuando ya llevemos tiempo conduciendo a veces nuestra faceta astral deja las demás con volante y pedales, y viaja por su cuenta: a veces pensamos en la conversación que acabamos de tener con un amigo, en lo que nos gustaría comer, o en las próximas vacaciones.
Y así nos pasa con algunas actividades que hacemos a diario, que después de muchas veces de repetirlas se nos hacen automáticas y nos predisponemos a una “fuga”.

El punto es aprender a mirar “donde” estemos, sin juicio, en cada momento que nos acordemos a lo largo del día. El hecho de estar observando lo que hacemos, nos devuelve la total atención al momento presente.
No es fácil verse desde afuera, es un ejercicio que requiere mucha práctica y tiempo, y es el secreto para volver a conectar en ese mismo instante con la propria multidimensionalidad.

Nos pasamos el día viajando astralmente (leer el artículo “Expertos viajeros inconscientes”), y hay actividades que nos facilitan “la fuga” por ejemplo correr, hacer manualidades, escuchar la radio, etc…
Si queremos empezar a tomar consciencia de ello y con el tiempo iniciar a forjar conscientemente unos viajes, es necesario recopilar detalles e individuar los patrones de esas proyecciones inconscientes.
Si en algún momento notamos por ejemplo, la sensación de que nos estemos moviendo, pequeñísimos vértigos, una vibración sutil, o algo dentro de nosotros levantarse como si estuviera flotando, fijémonos en donde está nuestra mente en ese momento.
Pueden ser señales de que una parte de nosotros se está entreteniendo con algo que no tiene relación directa con la actividad que estamos realizando aquí y ahora.

Naturalmente estamos propensos, a percibir y crear cada uno la realidad de forma diferente como si tuviéramos un filtro que “colorea” la percepción global.
De la misma forma, cuando el alma es libre de vagar sin las ataduras del cuerpo físico, empieza a percibir y crear su entorno en base a ese filtro, que es prácticamente el mismo a nivel físico que en los demás planos.
Escuchando una canción por ejemplo, en total relax un alma matemática podría empezar a recibir códigos numéricos; otra que tiene propensión hacia las artes visuales podría notar colores, o líneas; quien tiene capacidad auditiva, puede que escuche algún mensaje en sus “viajes”; alguien al que le  guste filosofear en la vida cotidiana, puede llegar a tener intuiciones o pensamientos clave para la solución de algún problema; y si el filtro personal es el de la sensibilidad, lo que es probable que se perciba son sensaciones en la “piel” como escalofríos, presencias, etc…

Cuando llegamos a tener la elasticidad para observarnos desde afuera, como si fuéramos otra persona, y nos damos cuenta del momento en el que el cuerpo astral se marcha, podemos empezar a distinguir los rasgos de nuestros viajes.
La forma y los matices de la expresión inconsciente de cuando dejamos a nuestro cuerpo astral viajar libre, nos da pistas para saber como estamos emocionalmente y desde que polaridad estamos actuando.
Que es lo que vemos y creamos? En que ocasiones sale el cuerpo astral? Que estamos haciendo y que emoción sentimos en ese momento? Estamos solos? Donde estamos? Que hora es? Y todo lo que se nos ocurra preguntar a medida que vamos practicando.
Si decidimos descubrir las características que nos hacen únicos a todos niveles, nos llegarán herramientas para seguir descifrarnos más y más.

La creatividad y la expresión de nuestro Yo multidimensional siempre son en positivo, al menos que tengamos bloqueos energéticos a solucionar: si algún día nos observamos agitados y tomamos conciencia de que no estamos totalmente presentes, hay que fijarse en las emociones que caracterizan esa mala vibración: allí encontramos el problema y su solución.
Nuestro Ser de luz, como siempre, se encarga de vigilar y mantenernos protegidos de todo lo que no es necesario que experimentemos, pero si tiende en cualquier momento a enseñarnos nuestros puntos débiles para que los iluminemos.
Inmediatamente, poniéndonos de observadores de nosotros mismos o si si alguien reclama nuestra atención, salimos del viaje y volvemos a la realidad.
En ese preciso momento, si nos fijamos en los pequeños cambios de nuestra energía, al llegar al aquí y ahora es probable que notemos como si algo volviera a encajarse en nuestro cuerpo sintiendo una sensación de bienestar y plenitud (muchas de esas veces automáticamente suspiramos).
Hay momentos en que no es conveniente que viajemos, porqué a lo mejor una situación requiere atención total y no logramos concentrarnos eficazmente, entonces es útil aprender a salir del viaje rápido, retomar conciencia y aterrizar.

Una vez que reconozcamos las señales de cuando el cuerpo astral sale y se reincorpora, llegarán informaciones sobre nuestras formas de actuar en cada situación; podremos definir unas “especialidades” que nos caracterizan en el plano astral, y hasta saber cual es la actividad preferida de nuestra alma en ese nivel vibracional; aprenderemos poco a poco a dominar nuestra energía en donde vayamos y a no dispersar mucha.
Y pidiendo permiso al Yo multidimensional algún día podemos llegar a viajar a cualquier lugar! (: